30 sept 2016

COLECCIÓN VITOLAS: CÓDIGO DE SEÑALES MARINAS.


En esta ocasión, os traigo una serie de Vitolas cuyos motivos litográficos son los códigos de señales marinas. Se trata de un sistema internacional de comunicación a través de banderas, ya sea entre dos o más barcos, o entre un barco y la tierra o el puerto. La serie es de 24 vitolas y está completa.

Además  de este  medio de  comunicación,  os  dejo  también el abecedario manual de los sordos, que puede variar dependiendo del país.

Espero que os resulte interesante, un saludo!!


























Abecedario manual de los sordos:


NOTA: Estas vitolas forman parte de la Colección de Vitolas, recogidas por Don Carlos Pastrana desde el año 1941 gracias a los socios del Antiguo Gran Casino de Ciudad Real, quienes se las iban guardando para que las coleccionase.

22 sept 2016

La princesa viuda. Catalina de Aragón.

Jean Plaidy, La princesa viuda. Catalina de Aragón. Serie: Las reinas Tudor I. Ed. Planeta. 2012. Epub.


Bajo el pseudónimo de Jean Plaidy, la escritora inglesa Eleanor Alice Burford Hibbert, comienza una colección de novelas históricas de seis obras sobre la dinastía Tudor (1485-1603): “Las Reinas Tudor”.

Esta obra, “La princesa viuda”, se centra fundamentalmente en la figura real de Catalina de Aragón. Para ello, en esta edición de Epub, se han aunado tres obras de Jean Plaidy, para dividirla en tres partes cuyo orden es el siguiente:

- Catalina, virgen y viuda, que se publicó en el año 1961.
- La sombra de la granada, que se publicó en el año 1962.
- El secreto del rey, que se publicó en el año 1962.

De esta forma consigue abarcar un amplio espacio temporal que va desde la llegada de Catalina a la corte inglesa en 1501 hasta su muerte en 1536.

Se trata de una época en la que la hegemonía española era la dominante. En España se habían unido dos reinos, Castilla y Aragón, frente al último reducto árabe que cesa en 1492 en Granada. Junto a ello, la apertura de un nuevo mundo, América. Mientras, en la vieja Europa, se estaba criando bajo la tutela de Maximiliano de Austria, el futuro emperador Carlos I (V), nieto de los Reyes Católicos. A su vez, Francia sería otro de los países en los que se medraría el futuro mapa internacional. Por tanto, el matrimonio del heredero al trono de Inglaterra con una de las hijas de los Reyes Católicos resultaba muy atractivo y ventajoso a los ojos de un monarca ambicioso como Enrique VII, cuyo ascenso al trono inglés había sido reciente tras la guerra civil, o lo que es más conocido como la guerra de las dos rosas.

Pero esto es sólo el contexto en el que se desarrolla esta obra, ya que su autora nos narra, a través de un lenguaje muy sencillo y en tercera persona, la vida de Catalina de Aragón, la última hija de los Reyes Católicos, quien partió rumbo a Inglaterra con la mitad de una dote prometida para contraer nupcias con el heredero al trono de dicho país, Arturo. Dado que éste muere al poco tiempo de contraer matrimonio por unas fiebres, Catalina se queda en Inglaterra en manos de un codicioso monarca Enrique VII, que prefiere que se quede allí a la espera de renegociar un nuevo casamiento. 

En el libro se describe estos siete años de incertidumbre hacia el futuro de esta princesa viuda, donde el sufrimiento de haber abandonado su país y su familia a una tierna edad, unida al cambio de sentirse sola en una corte extranjera y la tragedia de la muerte de su esposo, la hacen una figura débil pero respaldada por un rancio linaje real poderoso y fuerte en la época: los Trastamara.

En la segunda parte, Enrique VIII, que estaba destinado a la Iglesia, asciende, convirtiéndose en el nuevo sucesor al trono inglés y decide casarse con la viuda de su hermano, Catalina. Tras unos años de vivir felices, el matrimonio se va resquebrajando poco a poco, dado el deseo del monarca de querer tener un hijo varón que nunca llegó, no así, consiguió sobrevivir una única hija, María. 

Tras varios idilios amorosos del monarca con algunas de las damas de la corte, el rey se va separando cada vez más de su reina, Por tanto, en esta tercera parte, nos encontramos con la descripción de varios pasajes en los que se va viendo el progresivo repudio de la reina Catalina, motivado por la falta de un heredero varón al trono e instigado por un deseo obsesivo del monarca de conseguir la anulación del matrimonio con Catalina de Aragón y poder casarse de nuevo con la única dama cortesana que se le había resistido hasta el momento, Ana Bolena.

Entre tanto, la trama de intrigas amorosas y cortesanas, se entrelazan con el tira y afloja de una política exterior que va cambiando el panorama internacional a través de hostilidades y amistades entre Inglaterra, Francia, España y la Iglesia Católica romana, a tenor de personajes que buscan ascender socialmente a través de los favores reales, como el caso del obispo Wolsey, Tomás Bolena o Thomas Cranmer.

En cualquier caso, la novela desvela la personalidad de una reina de su época, limitada a cumplir un papel político y procrear herederos para la corona, con una fuerte moral religiosa y con unas raíces familiares que la llevaron a tener cierta lealtad por sus orígenes, lo que le valieron en algunas ocasiones labores de embajadora diplomática de España, siempre títere de la política de su padre Fernando,  mientras que se fue granjeando el cariño del pueblo inglés a través de sus obras de caridad. A ello se le une el profundo amor por su hija, a quien siempre consideró la legítima heredera al trono inglés.

Por tanto, cabe señalar que la novela, centrada desde la perspectiva de la vida de Catalina, nos sumerge en un drama donde no le falta casi de nada, siendo una novela de fácil lectura y amena, pero de la que no se puede destacar especialmente más que la propia historia que recoge.



AÑO DE PUBLICACIÓN DEL LIBRO COMPILATORIO: 1984.
NOTA: Quizá os interese leer algo más sobre Enrique VIII recogido en una sátira fallera a la que podéis acceder pinchando en la fotografía de más abajo:


Y pinchando en la fotografía que sigue, podéis acceder a leer un resumen sobre los matrimonios de Enrique VIII:


17 sept 2016

ARTE: Las ilusiones metamórficas de Octavio Ocampo.

Ya había traído al blog, a otro artista, Oleg Shuplyak, en cuyas obras se veían ilusiones ópticas conseguidas por el juego de diferentes formas, luces y sombras en las que la pieza clave es la percepción del espectador, quien ha de organizar la pintura en su mente, para extraer, o bien una escena o bien un retrato.

Hoy os traigo al mexicano Ocatavio Ocampo, en cuyas obras se produce una doble ambigüedad también, ya que se superponen en un estilo realista y otras veces figurativo, la construcción de retratos y escenas, haciendo uso de formas fácilmente identificables, como en el caso del ucraniano Shuplyak, y que en este caso, Ocampo, define su arte, como arte metamórfico: " Soy metamórfico, entre el frágil paso de una imagen a otra existe un momento mágico en el cual me comunico con el espectador a otro nivel por medio del subconsciente y del espíritu".

De esta manera, sus aportaciones constituyen dos obras en una, ya que si el espectador se sitúa lejos, puede encontrarse o bien con unos personajes que reflejan la vida, creencia y raíces de su pueblo, o bien si el espectador se sitúa cerca, la escena que observa, es totalmente distinta.

Así que os invito a que conozcáis a este artista de la doble perspectiva -si todavía no os habéis tropezado con alguna de sus obras-  y que paséis un agradable rato descubriendo lo que sus obras esconden, un saludo!!

SUS QUIJOTES:









RELIGIOSOS:

JESÚS & EL CALVARIO.

JESÚS & DOMINGO DE RAMOS.

JESÚS & LA PASIÓN.

 VARIOS:

BESO A LA LUZ DEL SOL.

BUDDHA.

EL VIEJO Y EL RÍO.

EL ÉXTASIS DE LOS LIRIOS.

PARA SIEMPRE & HOMENAJE A LA COPA DE RUBÍN.

JAMES DEAD.

JANE FONDA.

JOHN LENNON

EL BESO DEL MAR.

LA FAMILIA DEL GENERAL.

MADAME ROCAILLE.

MARILYN.

MARLENE DIETRICH.

LA MONA LISA.

BOCA Y FLOR.

JIMMY CARTER.

CORRER CON LA MANADA.

SUEÑO DE LA SIRENA.

MUJER DE FONDO.


11 sept 2016

El nombre de la rosa.

ECO Umberto, El nombre de la rosa. 1988. Barcelona. Ed. Lumen. (1ª edición).

La novela histórica, tal como entendemos el subgénero actualmente, tuvo su culminación en el ya lejano 1980, de la mano de un profesor universitario italiano de difícil asignatura llamado Umberto Eco. Este desconocido ensayista decidió, como ejercicio de ironía plástica, componer una novela policíaca enmarcada dentro de las directrices del movimiento neovanguardista literario al que pertenecía, el Grupo 63. Para cumplirlo situó la acción en la Italia de 1327, en una abadía benedictina en medio de la disputa sobre la pobreza de la Iglesia que enfrentaba a los monjes de la Orden de San Francisco contra su señor el Papa Juan XXII. Este es el escenario en el que el franciscano Guillermo de Baskerville y su pupilo Adso de Melk se ven envueltos en una serie de asesinatos apocalípticos concernientes a un misterioso libro y su funesta posesión.

Todos los personajes principales de la novela de Eco son clichés extraídos de la novela detectivesca victoriana clásica (una de las premisas del Gruppo 63 era la inspiración en la narrativa y poética anglosajona del XIX) y ni siquiera nuestro intrépido profesor puede llevarse el mérito de la creación del monje detective, ya que la autora británica Edith Pargeter comenzó a publicar bajo el seudónimo más conocido de Ellis Peters, la serie de novelas de fray Cadfael tres años antes. Así que, con una novela de escasa originalidad, encorsetada entre las premisas de un movimiento estético-político de vocación revolucionario, escrita casi para enseñar a los amigos por un novelista primerizo. ¿Cómo podemos sostener la afirmación espetada en el párrafo anterior?

Porque, querido lector, Umberto Eco es un mago. El obtuso profesor de asignatura impronunciable es, en realidad, un astuto prestidigitador de la palabra. El incauto doliente de la novela histórica moderna, vapuleado por las hordas de romanos y templarios, se acercará a la novela atraído por el canto de sirena de asesinatos, monjes, libros y laberintos que Eco muestra en su mano derecha, para caer en la cuenta, pasado un rato, en el truco maravilloso y terrible que el profesor guardaba en la izquierda. Esta es, sin duda alguna, una novela que atesora muchos niveles de lectura. No se trata solo que la intriga planteada sea absorbente, los diálogos cinematográficos y los personajes fascinantes. No se trata tampoco de la abadía fantástica, la biblioteca maravillosa, ni del fabuloso e iniciático laberinto geográfico. Ni tan siquiera, si me apuras, importa demasiado el significado del primer y séptimo del cuatro. Se trata de que, mientras Guillermo y Adso recorren el scriptorium en las tinieblas de la noche, Umberto Eco te cuenta algunas cosas sobre el Mundo, el Demonio y la Carne, y por encima de todo, sobre el Medievo, sobre el inmenso conocimiento y el profundo amor al mismo que el profesor italiano impregna en tinta en cada página.

Si no has tenido ocasión de leerla, o si sólo conoces la trama por la digna pero profundamente insuficiente película del director francés Jean Jacques Annaud, te recomiendo cordial y respetuosamente que te lances a por ella. Existen ediciones excelentes, con el texto original espléndidamente adaptado al castellano por Ricardo Pochtar, que incluyen traducción de los textos latinos, escasos pero enriquecedores para el trasfondo histórico, y un pequeño ensayo del autor acerca de la novela bastante gratificante titulado Apostillas a El Nombre de la Rosa. Rescata esta joya del pasado, ávido lector, pero cuidado; no te sorprendas si al pasar su última página te descubres un poco más desolado que al empezar. Pero El Nombre de la Rosa es, bajo las sombras de sus sombras, y como no podía ser de otra manera, una inmensa danza macabra y trata, en esencia, de la futilidad. Y es que, querido e improbable lector: “stat rosa prístina nomine, nomina nuda tenemus”.

MUCHAS GRACIAS!!

MUCHAS GRACIAS!!
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